lunes, 16 de marzo de 2015

ADIOS (una pequeña historia)




ADIOS

Me gustaría decir que las cosas van a cambiar, que el tiempo curara todo y podré seguir mi existencia en este mundo con la misma sonrisa ancha y mis acciones torpes como es usual en mí, pero las cosas no van a ser así, en mi caso nada de eso aplica, el tiempo sanador, las reflexiones sobre mi existencia y el seguir adelante, porque no soy de esas personas  sensatas, de esas personas que pueden solas, que se levantan con ayuda de otros, y parte de eso es que yo no quiero levantarme, no quiero seguir con esta ruta en donde solo estoy yo,  suena tan cobarde y soy consciente de ello, mi mente adulta así me lo dice, pero nunca hago caso a esa razón, siempre me he guiado por la impulsividad, el enojo, la tristeza, que al final siempre caigo, y hoy será la última vez que caiga. Sé que solo hare que otros sufran por esto, y me gustaría hacer algo para que no fuese así,   pero incluso en estos momentos seré un torpe que no podrá hacer nada.


Mi vista sigue enfocada a la pantalla, soy un alma refugiada en un cuerpo absurdo, un pequeño muñeco de felpa en el que me eh sentido cómodo, teniendo opciones de poder habitar en uno a medida, joven peliplata, de ojos mieles y sonrisa risueña, pero prefiero estar aquí, en este cuerpo que apenas y se manejar, pero no podía dejarlo, él lo hizo, lo cosió pieza a pieza, detalle a detalle, siento esas chispas de energía que aún mantienen las costuras unidas, pese a que yo soy una personalidad desastrosa, cada pieza sigue en su lugar.  

El ruido en la cocina se tratan de los pasos de mis padres que han venido, sé que fue mi padre quien convenció su pareja de venir aquí a verme, porque mi padre siempre me ha cuidado como un cristal que se puede romper con solo mirarlo. El microondas comienza a sonar, y el aroma de palomitas acompañado de explosiones múltiples de los granos hace que el sonido de la televisión se confunda, cuando oigo a mi ‘Madre’ alejarse de la cocina, me levanto y camino esperando ver a mi padre, y ahí esta vaciando las palomitas en un recipiente ancho y otras tantas en uno pequeño, cuando se gira noto un pequeño sobresalto, me mira y veo en su expresión varias preguntas que se guardó.

-No era necesario que vinieran- solté mientras torcí la boca, intentando sonreír lo suficiente para que  creyeran que estaba bien.

-Lo sé – me responde intentando ocultar               que esa visita no fue más que algo casual –Pero hace mucho que no nos reunimos y vemos una película, pensé te gustaría –

Y no estaba equivocado, claro que me gustaba la idea, me encantaba ver películas de fantasía con mi padre, cuando solo éramos nosotros dos y él tenía un poco de tiempo libre de su ajetreado trabajo, nos sentábamos en la sala, usábamos el suelo en vez del sofá, solía recostarme y usar sus piernas como almohada, me gustaba estar así, con él, mientras pasaba constantemente la mano en mi frente peinando mi cabello hacia atrás.

 -Papá….-me acerque otro poco más, mi mirada tenía que estar siempre observando  al cielo, pues mis 30cm de estatura como muñeco no me permitía tener una conversación a nivel con nadie – Quería decirte que, lamento mucho todas esas ocasiones en las que mis imprudencias te hicieron enfadar, y preocupar también, que te hicieron correr por la gran ciudad buscándome, lamento no haber escuchado tus consejos, lamento el tenerte siempre alerta a mí y que te perdieras  de esos momentos que se suponía eran para ti y,….’Mama’ -  Pare un segundo en mi disculpa, el ceño de mi padre estaba fruncido, pero no era de molestia, ese era un gesto que todos conocían, pero este gesto era diferente, el sabia, podía sentirlo, que mi disculpa llevaba algo más consigo y no era necesario ser adivino para comprenderlo.

-Por favor, porque no vamos a la sala, ponemos la película y …- moví la cabeza deteniéndolo, le sonreí amplio sabiendo que esa era la imagen que quería conservara de mi, la sonrisa aniñada que me conocía.

-Padre, debes de cuidarle, no dejes que algún desliz, que algún enfado tonto, que….que una estupidez haga que se vaya de tu lado, que él deje de sentir ese amor profundo por ti, porque si eso pasa, volver…volver a ser lo que eran, será imposible, tendrás que dejar todo, olvidarlo, y te lo digo porque tú eres como yo, amas tan fuerte, que no ves una vida sin él, pero también eres impulsivo como yo y no piensas hasta que te das cuenta de las consecuencias, y sé que si eso pasa, te vas a derrumbar, y…esa es la maldición de los que llevan nuestros genes-

-Hijo….yo…- le volví a interrumpir, en ese momento, la forma de felpa dejo ver tras ella lo que yo era en verdad, el hombre que fui cuando morí, tome el peluche que me había servido como cuerpo y lo abrace con fuerza.

-Papá….te quiero…- Sabia que no podía detenerme más, el hacerlo haría que mi padre se lanzara contra mi intentando detenerme, sabía que buscaría la fuerza para persuadirme, así que no me detuve en mirarlo, solo me desvanecí junto al viento, pero aun no me marchaba, aun había algo que debía hacer, así que baje, baje a ese lugar que me dio un poco de alegría, lugar donde volví a recordar ese viejo pasado, y el vivir en una gran familia, observe un poco desde la lejanía, no quería acercarme mucho, no quería que me viera de nuevo, no quería lastimarlo al decirle que su amigo se iba para siempre.

Tome el muñeco y lo puse en un lugar en donde sabía lo vería, le coloque ese trajecito pequeño que me habían hecho a medida, un smoking con unas alitas detrás, le coloque una nota con palabras fáciles y concretas, sabía que ahora, sería capaz de leerlas. “Gracias, ahora el será su guardián”, quería que conservara ese recuerdo, aquel chico nunca conoció cual fue mi verdadera apariencia, solo conoció ese muñeco, y esperaba que ahora a su hijo, le gustara como fiel amigo, como lo fuimos nosotros.
Hubiera querido hacer más cosas, me hubiera gustado ir a buscar a mis hijos y contarles cómo es que lograron entenderse, un joven obsesivo y tonto, y un joven calculador  y frio, como es que mi necedad  saco de quicio a su padre, y como su padre olvido su orgullo por mi, me hubiera gustado contarles mil historias de lo que fue y quedara en la historia de nuestra vida, una relación extraña, loca, a veces sin sentido pero verdadera, aunque tuviera que saltarme algunos detalles, como el último, donde esa historia tuvo fin, donde esa obsesión mía por fin acabo con ese amor verdadero, porque fue verdad, nos amamos, o eso es lo que yo creí, yo aún lo amo con locura, pero fui yo quien borro ese amor de su padre si es que existió, por mis tonterías, exigencias y ....bueno, esa era algo de la historia que no quería contarles.

Me gustaría decir que me voy y le dejo igual de triste como lo estoy yo, que ambos estamos sufriendo esta separación, pero, no es así, si me voy es porque no puedo soportar verlo sonreírle a esa otra persona, no puedo soportar ver que dejó fácilmente su orgullo de lado por él, en tan solo meses, cuando yo tarde años, porque me es duro ver que yo no fui su verdadera “Media naranja”, aquella que lo complemento al 100% , porque me es duro darme cuenta que él está mejor sin mí, que siempre lo estuvo sin mí, que si yo no me hubiera cruzado en su vida, si no me hubiera aferrado a él como lo hice, hubiera hecho grandes cosas, más de las que fue capaz de hacer, porque me he dado cuenta que si el no crecía tanto como sé que pudo hacerlo, fue porque yo no se lo permití, porque lo encerré en mi mundo, donde no podía pensar en más que en estar al pendiente de mí, en ver que mis tonterías no causaran daños a otros o a mí mismo, porque lo amarre con grilletes a mi existencia sin dejarle mirar más allá.

Porque fui realmente un carcelero y el mi prisionero.

-Perdón….Perdón….Perdón…- repito frenético, repito esas palabras que quiero que el viento se lleve consigo, que quiero que le susurre al oído de aquel amor que corrompí, y pido al cielo que mi pena, que este corazón que se cae a pedazos sirvan como piezas para reforzar aquel amor que él está viviendo, que sirva como un fuego que no consume, si no que aviva la esperanza, el anhelo de que es la persona indicada, que mis restos le sirvan para que su rostro nunca deje de mostrar una sonrisa, esa por la que yo luche día a día que me mostrara y que ahora se la muestra a otro.

¿Duele? Si, si duele, duele mucho, pero más me duele el saber, que con migo, hacía mucho ya no era feliz, y no podía sonreír.


-Viento, solo te pido un favor más, dile a todos ellos, a aquellos que intentaron siempre sacarme de ese agujero, a  aquellos que se ensuciaron por mí, a aquellos que sufrieron cuando yo sufrí, diles gracias…gracias por todo, que los quiero y que como último pedido egoísta, no me olviden …- Siento como el aire sopla, como mis cabellos se mueven….como unas pequeñas luces se elevan al cielo….a la luna, como un manto de estrellas nuevo.

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